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Serpiente Voladora

Se la llama serpiente voladora por la velocidad que alcanza cuando huye entre el follaje, dando la sensación de volar de una rama a la otra. Su enorme agilidad ha originado la creencia popular de su capacidad para levantar el vuelo.

Temperamental y de reacción agresiva, una antigua leyenda cuenta que cuando la voladora azota a un ser humano con su cola, el número de azotes que recibe se corresponde con el número de años de vida que le restan. Sin embargo, no es tan fiera la víbora como la pintan, pues carece de veneno y su mal carácter no representa ningún peligro para el ser humano.

Enfrentamiento con voladora

Enfrentamiento entre un lagarto dragón y una serpiente voladora. La serpiente mide 1 m más que el lagarto y sextuplica su peso. La víbora enseguida detecta la presencia del lagarto y se aproxima, pero el lagarto advierte su presencia y huye hacia las ramas más altas, arriesgándose a quedar atrapado entre el abismo y la voladora y debiendo enfrentarse a una difícil decisión: luchar con la serpiente o lanzarse al vacío.

MORFOLOGÍA

La Spilotes pullatus puede llegar a medir hasta 260 cm, aunque lo usual son unos 150 cm., constituyendo uno de los mayores colúbridos de todo el continente americano.

La cabeza, enmarcada entre placas amarillas, destaca claramente sobre el cuello.

Sus grandes ojos poseen pupilas redondas. Los orificios nasales se sitúan a ambos lados de la cabeza. El cuerpo es estrecho, rondando los 4 cm de diámetro, y la cola larga.

Su piel es de color negro azulado, con una hilera de escamas amarillas que recorren su columna vertebral, semejantes a las que presenta en la zona dorsoventral.

La coloración general está formada por franjas oblicuas de color negro y transversales de color dorado, que parten desde la región vertebral hacia dentro. Las zonas amarillas están irregularmente salpicadas de matices negros.

Todo el vientre es amarillo, al igual que la cabeza, sobre la que se salpican pinceladas oscuras e irregulares.

Los jóvenes se asemejan a sus progenitores, aunque de colores más vivos.

DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA

Se dispersa desde Centroamérica hasta el norte de Argentina, pasando por Honduras, Perú, Bolivia y Brasil, pero se centra particularmente en el sur de México. La vemos desde Tamaulipas en la costa atlántica, hasta Oaxaca en la costa pacífica, sin olvidar la península de Yucatán.

HÁBITAT

Es una víbora especialmente grande, de costumbres arbóreas, nativa de América Central y Sudamérica, donde las extensiones de bosques húmedos son comunes. No es difícil hallarlas cerca de ríos y de tierras cultivadas.

REPRODUCCIÓN

La reproducción es ovípara y realiza el desove a principios de verano, pudiendo estar compuesta la camada de entre 8 y 12 huevos.

LONGEVIDAD

En cautividad puede vivir hasta 13 años.

COSTUMBRES

Les gusta disfrutar de las horas diurnas, por lo que a menudo se las observa encaramadas a las ramas de los árboles, tomando el sol.

La mayor parte de las chichicuas se caracterizan por su rapidez y agresividad. Además, gozan de fuertes mandíbulas, cuya mordedura es especialmente dolorosa.

Es una víbora solitaria, pero de fácil adaptación al medio. A menudo habita en las inmediaciones de poblaciones humanas.

Cuando se siente amenazada, agita la cola con celeridad contra la hojarasca, para producir un sonido similar al de la cascabel y hacer huir a su atacante.

ALIMENTACIÓN

Son depredadoras de aves, mamíferos de pequeño tamaño, reptiles, ranas y lagartijas. Prefieren tragar viva a su presa. No es extraño verlas trepando a los árboles para alcanzar el nido de algún pájaro descuidado.

NOMBRES COMUNES

Toche, chichicua, mico, serpiente voladora o serpiente tigre.

El nombre de chichicua, proviene de la voz xochilcoatl (serpiente floreada), tal vez apuntando al patrón de color tan llamativo de esta víbora.

PELIGRO DE EXTINCIÓN

En nuestros días se ejerce una gran presión sobre su hábitat e incluso sobre ellas de forma directa, ya que el uso de pesticidas y la matanza indiscriminada están reduciendo el número de especímenes peligrosamente.

VIDA EN CAUTIVIDAD

El estrés producido por su captura e importación requerirá de bastante paciencia hasta lograr su completa adaptación.

La víbora no comenzará a tomar alimento hasta que se sienta segura.

Es importante desparasitarlas y proporcionarles agua para su hidratación.

El terrario no necesita de muchos detalles, simplemente que sea estéril y fácil de limpiar, por lo que un recipiente de plástico puede resultar lo más indicado. El suelo se cubre con papeles de periódico a fin de facilitar dicha limpieza.

Para que la víbora pueda trepar, se pueden incluir algunos troncos dentro del terrario, así como algún tipo de ramaje.

Cuando la serpiente se encuentre adaptada, habrá que buscarle una jaula de mayores dimensiones, sobre todo verticales, por las tendencias arbóreas de esta especie, tan hábil escaladora y, por supuesto, proporcionarle plantas, ramas y cualquier otro elemento de origen natural que les permita ejercitarse y desplazarse por la totalidad de la jaula.

Respecto a la temperatura, necesitarán que tanto la iluminación como la calefacción se asemejen lo máximo posible a la de su lugar de origen, cuidando de disminuir la temperatura durante la noche.

Para su alimentación, bastará con algunos roedores pequeños, que pueden alternarse ocasionalmente con algún tipo de ave.

Todo ello, invitará a la voladora a comportarse con la misma normalidad que si viviera en libertad.

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